Salomon Kalmanovitz
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La geopolítica del petróleo
7 de diciembre de 2014 - El Espectador

 

El cambio tecnológico ha socavado la industria petrolera de dos maneras: nuevos procesos que fracturan las rocas ricas en gas y crudo (esquistos) han aumentado la producción de Estados Unidos (a 9 millones de barriles diarios) y Canadá, mientras que motores más eficientes e híbridos (gasolina, gas y electricidad) en los autos han contribuido a disminuir la demanda de combustible.
Salomon Kalmanovitz
 

El crecimiento más lento de la China y el estancamiento europeo han golpeado aún más la demanda global por combustibles, haciendo que los precios hayan caído 40% en los últimos dos meses.

La Organización de Países Petroleros (OPEP) controla menos de un tercio de la producción global (90 millones de barriles diarios) y Arabia Saudita, su socio más poderoso, sabe que el alto precio del combustible no hace más que incentivar la producción basada en el esquisto. Por eso se opuso a una restricción de la oferta, como la clamaban Venezuela e Irán, esperando que el precio reducido saque del mercado a los nuevos productores. La fracturación tiene costos bastante altos y muchos de sus productores están endeudados, de tal modo que la reducción de sus ingresos puede conducir a una quiebra de algunos y a daños en el sistema financiero. Lo que se puede desatar en el mediano plazo es una gran volatilidad del precio del crudo que oscilará alrededor del centro de gravedad dado por el costo de extraerlo del esquisto.

The Economist opina que los nuevos procesos son cada vez más eficientes y pueden aguantar precios hasta de 57 dólares el barril (el 5 de diciembre el precio del NYMEX fue de US$65.84), aunque hay yacimientos con costos por encima de ese nivel. El procedimiento tiene la ventaja de que se demora menos tiempo en extraer el crudo o gas que uno convencional o de aguas profundas, pero también que los yacimientos se agotan rápidamente, pareciéndose a un proceso manufacturero que puede modular su producción de acuerdo con la demanda. Esta cualidad le puede prestar estabilidad al mercado petrolero hacia el futuro. Hay de por medio, sin embargo, problemas de contaminación acuífera y aumento de la actividad sísmica.

Para los países importadores de petróleo, la reducción de precios equivale a un impulso de su demanda que puede aliviar la recesión europea y acelerar el crecimiento norteamericano. Para los países productores es una calamidad, siendo Venezuela la más afectada por haber perdido eficiencia, ser tan regalada y endeudarse en estos años de bonanza. Rusia es otra damnificada, pues depende del petróleo en dos tercios de sus ingresos externos. Arabia Saudita y los países del golfo, también Noruega, cuentan con costos bajos de producción y con enormes ahorros que les permiten sortear la caída de sus ingresos. Colombia es otro perjudicado, pues la mitad de sus exportaciones deriva del petróleo, pero como buen nuevo rico no hizo ahorro de su corta racha de fortuna; por el contrario, se especializó en tan volátil actividad y se endeudó aprovechando ese colateral.

Los países petroleros han sido debilitados económica y políticamente, perdiendo capacidad de afectar los precios, como lo lograra la OPEP hace quince años. Colombia es un productor marginal de un millón de barriles diarios y en estos años no logró aumentar sus reservas, prefiriendo invertir en refinación que en exploración. El futuro para todos luce incierto.


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