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Turbulencias
26 de enero de 2014 - El Espectador

 

La semana pasada el peso argentino se devaluó 16%, cuando el banco central no salió a defenderlo.
Salomon Kalmanovitz
 

Hoy se verá el impacto pleno de dejarlo flotar y de haber levantado todos los controles administrativos. La lira turca perdió 4,4% de su valor. El peso colombiano superó el viernes la barrera de los $2.000 (no hace mucho lo tuvimos a $1.730) y el real brasileño alcanzó 2,4 por dólar, de 1,7 hace seis meses. La decisión argentina parece haber provocado una estampida por todo el mundo en desarrollo e incluso les pegó a las bolsas de Nueva York y Europa.

A pesar de los cantos de sirena del Gobierno, según el cual tuvimos el crecimiento más alto de América Latina (hay que aclarar que aplicaba sólo al tercer trimestre de 2013), y los análisis contraevidentes de algún semanario que afirmaban que no había que preocuparse de la caída de la bolsa de “sólo” 4% en 2014 —en verdad 7% al 24 de enero—, la situación es preocupante. Los dos pilares sobre los que reposaba el crecimiento de las economías emergentes se están erosionando: la política monetaria excesivamente expansiva del Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos va tocando a su fin y el crecimiento de la China, aunque todavía bueno, va a estar por debajo del 7% anual hacia adelante.

Al normalizarse la política monetaria norteamericana y recuperarse su economía, el exceso de dólares antes invertidos en los mercados emergentes se están devolviendo a donde van a rendir más hacia futuro. Se cumple el dicho gringo de que la gallina vuelve a su hogar cuando es tiempo de empollar. Eso explica tanto la caída de la bolsa en todos ellos como la demanda de dólares de los inversionistas de portafolio en mercados emergentes, que es la otra cara de la devaluación, lo que se va a complicar cuando los locales sigan a los líderes: gajes de la globalización.

El fin del crecimiento de la China del 12% anual significa el desinfle de la demanda por materias primas y, con ello, la necesidad de sus productores de ajustar sus balanzas de comercio por los menores ingresos por exportaciones y de la cuenta de capital (más salidas de inversiones que tan alegremente entró durante la última década). Aún antes de la ralentización del crecimiento chino, ya la India había enfrentado crecientes problemas de inflación y devaluación que frenaron su crecimiento en seco.

En el caso del petróleo, hay factores tecnológicos en juego, como la fracturación del gas de roca que va hacer a Estados Unidos autosuficiente pronto y reducir el consumo de carbón; hay también elementos de economía política como el levantamiento de las sanciones contra Irán de sus exportaciones de crudo. Venezuela necesita urgentemente restringir su consumo interno de gasolina que regala hoy a $120 el galón, pero que tiene que importar al equivalente de $6.000; no menos debe recortar los subsidios y consumos de Cuba y Nicaragua, lo cual liberaría oferta y presionaría el precio del petróleo hacia abajo.

¿Está suficientemente blindada Colombia? No del todo: cuenta con un sistema cambiario de flotación que permitirá la devaluación necesaria para equilibrar sus cuentas externas, pero también habrá más inflación y se reducirán los ingresos fiscales derivados de las rentas mineras; por todo ello, el crecimiento va a ser bastante bajo. Le corresponde al Gobierno prepararse frente a los serios problemas que debe enfrentar, en vez de estarse felicitando tan efusivamente.


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