Salomon Kalmanovitz
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Se acaba la fiesta
28 de septiembre de 2014 - El Espectador

 

El Banco de la República lo reconoció sutilmente en su última reunión: dejó de elevar su tasa de interés y anunció la reducción de sus compras de dólares para el cuarto trimestre del año.
Salomon Kalmanovitz
 

Dejó de encarecer el crédito porque la economía se desaceleró con los datos revelados para abril-junio y suspende las compras de dólares debido a la devaluación del peso, que alcanzó $2.024 por dólar el 26 de septiembre, frente a niveles de $1.800 hace tres meses.

Completamos un ciclo de crecimiento alto por más de una década, arrastrados por la prosperidad de la China, precios favorables para nuestros productos de exportación y crédito internacional barato; sin embargo, no sembramos la prosperidad ni ahorramos para enfrentar los años de vacas flacas. En efecto, mantuvimos sendos déficits externos y fiscales considerables que ahora se tornan más costosos de financiar porque Estados Unidos se apresta a normalizar su política monetaria y elevar sus tasas de interés, que están en cero.

Los gobiernos de Uribe y Santos creyeron que podíamos vivir de la renta petrolera y por eso redujeron los impuestos a los más ricos, incluyendo exenciones generosas para las empresas mineras que se mantienen a la fecha. El recaudo tributario, que había alcanzado 15% del PIB en 2002, hoy es de 12,5% y obliga al Gobierno a un doloroso ajuste de su gasto.

La acumulación de cifras positivas de la economía norteamericana ha hecho que los mercados descuenten un aumento de su tasa de interés y ha fortalecido el dólar. Falta por absorber el efecto de los desequilibrios propios de Colombia, que no han sido reconocidos por los mismos mercados, lo cual puede agudizar nuestra devaluación. Los efectos son contradictorios, pero dominan los malos: el servicio de la deuda pública y privada se encarece, el Gobierno debe apretar más su gasto, aumenta la inflación cuando nos hemos vuelto dependientes hasta de la comida importada, al tiempo que mejora la competitividad de la economía y se corrige un poco el desequilibrio externo; posiblemente aumenten las exportaciones a Estados Unidos.

Las cifras de cuentas nacionales mostraron desaceleración en la inversión privada y sobre todo un déficit externo considerable que le restó dinámica a la economía en el segundo trimestre de 2014, pues las exportaciones cayeron 8,4%, mientras que las importaciones crecieron 13,8%. Se mantuvo el crecimiento de la inversión pública (18%) para apuntalar las elecciones, pero se trata de un nivel insostenible, en momentos en los que la economía se desinfla y más la necesita.

El impacto negativo peor viene por la caída del precio de barril de petróleo de 103 a 93 dólares en los últimas dos semanas. Cada dólar le representa al Gobierno un ingreso de $300.000 millones anuales, así que ya por ese solo hecho se agrava su déficit fiscal en $3 billones.

El Gobierno insiste en negar que enfrentamos una perspectiva desfavorable, aduciendo el carácter especial de la economía colombiana en el contexto latinoamericano, y no ha diseñado políticas para contrarrestarla. Su intento de reforma tributaria ha sido neutralizado por los gremios empresariales y aparece atado de manos.

El ministro de Hacienda dice, sin embargo, que Colombia está haciendo lo que debe hacer en progresividad tributaria y que incluso se le adelantó a Piketty en imponer un impuesto a la riqueza. Lo que no dice es que están exentos los dueños de las empresas y de la tierra.


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