Salomon Kalmanovitz
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Los programas agrícolas
4 de mayo de 2014 - El Espectador

 

El campo colombiano está estancado. El largo conflicto interno ha frenado la producción agropecuaria: el desplazamiento de 5 millones de personas y el despojo de 800.000 hectáreas, muchas de ellas abandonadas, han golpeado la actividad económica.
Salomon Kalmanovitz
 

Se ha debilitado una estructura de propiedad que está escasamente titularizada y altamente concentrada en las tierras de mejor calidad. La ganadería ocupa tierras con vocación agrícola y las que tienen vocación ganadera están enmontadas.

Las políticas públicas no han ayudado y, por el contrario, han agravado los problemas del sector. La locomotora minera bien pudo arrasar con la agricultura al revaluar la tasa de cambio y abaratar las importaciones de alimentos, dificultando la exportación de café y de flores; le disputó también territorio. Los TLC no han podido ser aprovechados para exportar pues faltan las instituciones que apoyen el cumplimiento de las exigencias fitosanitarias de los países desarrollados, además de la carencia de vías y de investigación aplicada; sí han permitido el aumento de las importaciones, comprimiendo los márgenes de ganancias de los productores locales.

Las instituciones que atienden el sector han sido clientelizadas hasta la médula, cuando no dirigidas por el crimen organizado. La poca tecnificación que alcanzó a avanzar Juan Camilo Restrepo, el pasado ministro de agricultura, fue desmontada por los clientes del partido Conservador y hoy el ministerio se encuentra prácticamente paralizado. El ministro Lizarralde representa la gran agricultura empresarial y no parece simpatizar con las demandas e intereses de los campesinos medianos y pequeños. No avanzan los proyectos de restitución de tierras a los desplazados y muchos de ellos han sido asesinados y amenazados. Tampoco hay noticias sobre el nuevo catastro rural, anunciado hace un par de años, que es herramienta fundamental para que los grandes propietarios comiencen a pagar prediales; con estos se podrían financiar obras públicas locales y desarrollar el sector, en parte al menos, con sus propios recursos.

El programa de Santos para su segundo mandato es bastante vago: “Garantizar más apoyo a los campesinos. Se llevará, en ese compromiso, más inversión y se ejecutarán nuevos proyectos de infraestructura para que sea mucho más rentable la actividad en el campo”. Lo que se ha visto frente a las dignidades campesinas es el ofrecimiento de subsidios poco sostenibles fiscalmente y nada de bienes públicos, que es lo que necesitan con mayor urgencia.

Oscar Iván Zuluaga pretende organizar “clúster productivos que permitirán construir cadenas de valor agregado en cada región para revitalizar el campo y fortalecer la industria. Partiendo de casos exitosos, como el clúster de los pañales (sic) en el Cauca, el de las flores en la Sabana de Bogotá o el del banano en Urabá”, si es que la intensificación del conflicto se lo permite.

Enrique Peñalosa, por su parte, plantea ejercer un liderazgo técnico que reconstruya las instituciones del sector, que impulsen la investigación aplicada en cada región del país, clarifiquen la titulación, construyan pequeños distritos de riego y organicen asociaciones campesinas para mercadear sus cosechas, a partir de un nuevo ministerio de bienestar campesino. Pero sólo debilitando el clientelismo y la corrupción, se podrán construir los bienes públicos que demanda el campo (y el país) para poder progresar .


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