Salomon Kalmanovitz
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La guerra de la patilla (o del melón)
27 de julio de 2014 - El Espectador

 

En una conversación con Frank Safford, me comentaba que en su libro, en coautoría con Marco Palacios, Colombia: país fragmentado, sociedad dividida, había mostrado cómo las élites colombianas habían reaccionado frente al reclamo norteamericano por una asonada en Panamá en la que murieron quince de sus ciudadanos y dos colombianos en 1856. Ningún comentarista del libro al parecer se había percatado, o no quiso hacerlo, de lo bochornoso del asunto.
Salomon Kalmanovitz
 

Los hechos se desenvolvieron a partir de un altercado que tuvo un pasajero norteamericano que atravesaba el istmo en el ferrocarril con un vendedor de sandías que terminó con una asonada contra la estación del tren, después de lo cual Estados Unidos envió tropas y demandó de Bogotá una indemnización por 400.000 dólares, además de la autonomía municipal de Colón y ciudad de Panamá y una zona de 16 kilómetros a lado y lado de la línea férrea a ser controlada por la armada norteamericana. El gobierno central colombiano era muy débil en medio de la gran pobreza del país y un sistema político que tendía hacia el federalismo, cada vez con más fuerza.

El presidente Mariano Ospina intentó lograr el apoyo de Inglaterra y Francia contra las pretensiones norteamericanas que fue infructuoso, ante lo cual solicitó a Rusia que interviniera, la cual tampoco se dio por aludida. Algunos liberales proponían que se responsabilizara al Estado Soberano de Panamá del suceso, pero eso era renunciar a la soberanía de Colombia sobre el istmo. Lino de Pombo en 1857 había propuesto que Estados Unidos anexara a Panamá para después cobrar una indemnización de 150.000 dólares, lo cual enfureció a la opinión norteamericana y preparó a unos filibusteros yanquis que ya habían invadido a Nicaragua a hacer lo propio en Panamá.

El propio Ospina, ante el fracaso de su gestión diplomática, hizo una propuesta asombrosa: “anexar no sólo a Panamá, sino a toda la Nueva Granada a Estados Unidos”, lo cual traería tanto estabilidad económica como política, preguntándose “¿por qué derrochar dinero y sangre inútilmente tratando de evitar lo inevitable?”. El gobierno norteamericano desechó la propuesta de Ospina, pues le pareció poco atractiva. La disputa fue solucionada eventualmente con consecuencias menos onerosas para el país de lo esperado, pero siguieron resonando propuestas que trataban de calcular los costos y beneficios de una anexión al coloso del norte.

Florentino González, entonces procurador, concebía que un ataque de filibusteros y la conquista de los yanquis reintroduciría la esclavitud en los estados soberanos de Magdalena y Bolívar, pero podía traer beneficios para los estados de Santander, Cundinamarca, Boyacá y Antioquia, pues en estos “los americanos… se casarían con nuestras hijas , y se efectuará… una fusión de las dos razas que sería provechosa”. Desechaba sin embargo esa posibilidad porque tenía sentimientos de “filantropía a favor de los negros y mestizos que poblaban tales estados”.

En 1903 la élite conservadora panameña optó por separarse de Colombia, apoyada por el gobierno de Teodoro Roosevelt en su empeño por construir el canal interoceánico; este era fundamental para su control militar de sus conquistas en Filipinas, Hawai, Cuba y Puerto Rico. Los liberales panameños habían participado en la Guerra de los Mil Días y quedaron derrotados, y aunque se opusieron a la anexión de Panamá, no pudieron impedirlo.



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