Salomon Kalmanovitz
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La financiación de la ciencia
6 de julio de 2014 - El Espectador

 

La capacidad de hacer ciencia en el país ha crecido vegetativamente con el presupuesto a las universidades públicas y las inversiones llevadas a cabo por algunas universidades privadas.
Salomon Kalmanovitz
 

Acuerdos internacionales, en especial con Alemania y fundaciones como la Ford y Rockefeller y apoyos del BID y el Banco Mundial, han contribuido a la formación de una capa de científicos en ciencias básicas, sociales y en medicina, cuya producción ha crecido muy rápidamente durante la última década y se mide internacionalmente.

A pesar de los avances, los índices de Colombia son pobres: contamos con 16 investigadores por 100.000 habitantes, contra 400 de Argentina y 7.000 de Finlandia. Invertimos 0,18% del PIB en ciencia y tecnología contra 1% de Brasil o Argentina. El país que más invierte en Europa es Alemania, que es el que mejor ha resistido la crisis que embarca la Comunidad Europea: su creciente productividad e innovaciones industriales la hacen particularmente competitiva. La productividad de Colombia es, por el contrario, decreciente.

La administración Santos I estuvo poco interesada en el fortalecimiento de Colciencias y un recorte monumental de su presupuesto en 2012 causó la renuncia de su director Jaime Restrepo Cuartas. El gobierno adujo que había hecho aprobar una nueva distribución de regalías, con un alto costo político, que incluía un 10% con destino a proyectos propuestos por los gobernadores y que Colciencias decidía cuáles terminaban aprobados mediante su secretaría técnica. La pregunta que se hacen los investigadores es la siguiente: ¿Por qué no invertir el 30 o el 40% de las regalías en ciencia y tecnología para sembrar la bonanza minero-energética, en especial cuando se vislumbra que es temporal? ¿Qué se hace con el 90% restante?

Un problema adicional es que las regalías se destinan a proyectos muy aplicados de ingeniería o tecnología y no cubren las ciencias básicas, que son las madres de la invención. Representan de todas maneras un avance importante en la descentralización de inversiones en tecnología que presionan a las gobernaciones a apoyarse en sus universidades para presentar buenos proyectos. Esto ha sido notable en Antioquia ($176.000 millones aprobados), Córdoba ($160.000 millones), Cauca ($118.000 millones), Cundinamarca ($95.000 millones) y Bogotá ($63.000 millones, a pesar de sus excelentes universidades). Los políticos comienzan a percibir que el conocimiento les puede resultar rentable, lo cual los hará fomentarlo.

Entre 2013 y 2014 hay unos $1,5 billones anuales de las regalías presupuestados, que representan sólo el 0,8% del gasto público. El presupuesto de Colciencias para 2014, que iba a ser cercano al medio billón de pesos, recibió un recorte brutal de $170.000 millones, a pesar de un mensaje televisado del presidente Santos a los asistentes a la Convención Científica Suma en Cartagena, en el que se comprometía a fondo con el desarrollo científico del país.

Colciencias destina un 70% de su gasto a becas de doctorado en el exterior y en el país, algo que le correspondería hacer más bien al Icetex. También cuenta con un programa de repatriación de la diáspora de científicos colombianos que les garantiza por dos años unos fondos de investigación, pero el mercado no demanda ni doctores ni investigadores. El recorte presupuestal deja a la institución con muy pocos recursos disponibles para financiar investigaciones, lo que debiera ser su misión fundamental.


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