Salomon Kalmanovitz
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La deuda argentina, de nuevo
10 de agosto de 2014 - El Espectador

 

Argentina ha entrado en mora cinco veces desde los años cincuenta del siglo pasado y se apresta a una sexta, aunque hoy está lejos de la insolvencia que desencadenaron políticas populistas en las otras ocasiones.
Salomon Kalmanovitz
 

La crisis de 2001 fue propiciada por adoptar un régimen cambiario inflexible, acompañado por un endeudamiento irresponsable. Argentina flotó bonos sometiéndose a la draconiana ley del estado de Nueva York, que favorece a los acreedores, para así obtener tasas de interés más bajas. Estableció una “cámara de conversión”, que hacía equivaler un peso a un dólar, lo cual sacó a la economía de la hiperinflación, pero era una apuesta arriesgada frente a posibles desequilibrios externos. Estos se abrieron con la crisis financiera internacional de 1998 y culminaron con la devaluación del 300% que se decretó en 2001.

Ante la triplicación del costo en pesos del servicio de la deuda, el gobierno argentino declaró la moratoria, agudizando su crisis. Sin embargo, el país entró en una nueva bonanza económica por los precios muy elevados que alcanzaron las materias primas entre 2002 y 2013, que fuera acompañada por un aumento fuerte del gasto del primer gobierno de los Kirchner, al librarse de pagar intereses por una deuda que alcanzaba los US$81.000 millones. En 2005 se negoció un tramo con una peluqueada del 65% del valor de los bonos que habían adquirido algunos inversionistas y en 2010 otro, dejando cubierto el 93% del total.

Un grupo de especuladores había comprado un 6% de los bonos al precio de 25 centavos por cada dólar, y pasaron a demandar ante las cortes de Nueva York para que se les pagara el valor pleno. Ganaron el pleito en todas sus instancias y el gobierno argentino, en vez de negociar con sus acreedores, los denunció como carroñeros; atacaron además al juez Griesa, que tomó la decisión final, y exigieron al gobierno de Estados Unidos que interviniera a su favor, algo que es inaudito.

El fallo puede ser replicado a todos los damnificados por los recortes obtenidos por Argentina, a menos que se negocie antes del 31 de diciembre con los fondos que ganaron el pleito. Ellos saben que si la deuda tiene que ser reconocida a su valor pleno, el gobierno argentino no podrá pagar y todos pierden. Wall Street teme que los emisores de deuda soberana se ubiquen en Londres y otras plazas, por la rigidez judicial de Nueva York.

La política de Cristina Kirchner ha sido la de ir reconociendo y arreglando a la fuerza las medidas que hoy han sumido a la Argentina en recesión. La española Repsol fue expropiada de su porción en la empresa petrolera estatal, lo cual espantó a los interesados en invertir en la explotación de un campo muy promisorio. La expropiación fue suspendida y reconocidos los derechos de Repsol, pero los inversionistas extranjeros siguen nerviosos. Imponerles impuestos a las exportaciones de soya y carne frenó el auge del país austral, mientras se protegía de las importaciones brasileñas, socavando el Mercosur.

En 2012 fue destituido el presidente del Banco Central de la Argentina porque se rehusó a financiar al Gobierno. El aumento del gasto público en una economía recalentada llevó la inflación al 39% anual, desatando una ola de huelgas por la descremada de los salarios. El instituto de estadística había sido intervenido para decretar la baja de la inflación, aumentando la desconfianza del público. Es que los populistas creen que pueden vulnerar impunemente los equilibrios macroeconómicos.


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