Salomon Kalmanovitz
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El masaje a las estadísticas
2 de marzo de 2014 - El Espectador

 

Los ciudadanos argentinos comenzaron a notar desde 2007 que las cifras oficiales de inflación no reflejaban el creciente costo de vida.
Salomon Kalmanovitz
 

El Instituto Nacional de Estadística había sido intervenido por el gobierno central cuando comenzó a revelar datos altos que se corrigieron rápidamente. Algunos gobiernos regionales y firmas que elaboraban encuestas y contrastaban las cifras oficiales con las de Buenos Aires mostraban que la inflación no era del 10%, como decía el gobierno, sino más bien rondaba el 25%. Varias de estas firmas fueron multadas.

Las consecuencias de maquillar las cifras de inflación van desde el cercenamiento de los salarios reales de aquellos trabajadores no afiliados a los sindicatos peronistas y los ajustes en el valor de los servicios públicos que llevan a la quiebra de las empresas que los proveen, a hacer cálculos espurios sobre la devaluación real, a subestimar la pobreza y a exagerar el crecimiento económico. En efecto, los altos crecimientos de estos años evidentemente se dieron, pero no eran del 8 o 9% anual, sino de 6,5 o 7,5%.

El Fondo Monetario Internacional amenazó a la Argentina con expulsarla de su seno si no adoptaba sus estándares para el cálculo del costo de vida y lo hacía de manera transparente y replicable. De no hacerlo, el país austral perdería el acceso a préstamos de contingencia, en momentos en que descendían sus reservas internacionales. Argentina aceptó las recomendaciones y en enero de 2014 sacó el primer resultado, de 3,7%, que contrastaba con el 1,4% arrojado en diciembre por el IPC amañado. El disparo de la inflación no fue sólo resultado del sinceramiento del índice, sino de una fuerte devaluación que acercó la tasa de cambio a su valor de mercado.

Gracias a la devaluación argentina, se puede afirmar que Colombia tiene un PIB total (US$350.000 millones) mayor que el de ese país (US$343.000 millones), lo cual refleja que hemos mantenido nuestros equilibrios macroeconómicos, la estabilidad de los precios y de la tasa de cambio. Pero eso no quiere decir que seamos más ricos que Argentina, porque todavía su PIB, medido por la capacidad adquisitiva de paridad, es bastante mayor que el colombiano (US$21.000 contra 12.500), o sea que su canasta de consumo por habitante es bastante mayor que la nuestra.

¿Está el DANE blindado de las interferencias del gobierno central, a diferencia del argentino? Pues no del todo. En 1971, cuando este servidor trabajaba junto a otros técnicos en ese instituto, fuimos amenazados con despido porque la inflación aumentó súbitamente. Antes, Ernesto Rojas había sido sustituido. En 2008 fue destituido su director César Caballero por anunciar un aumento del desempleo, resultado del contagio de la crisis financiera global. En esos años las cifra oficiales de desempleo no aumentaron, a pesar de que el crecimiento se frenó en seco. Caballero fue sustituido por Ernesto Rojas. Rojas renunció, a su vez, ante diferencias con la jefa de Planeación Nacional, Carolina Rentería, quien recibió el apoyo presidencial. La encuesta de desempleo fue modificada y no se pueden hacer comparaciones con las tasas de desempleo anteriores, aunque cumplieron con la meta del gobierno de alcanzar un dígito (9,9%).

Más recientemente, Jorge Bustamante renunció a la dirección del DANE por considerar que no estaba en capacidad de organizar el censo agropecuario con la urgencia que pretendía el Gobierno. Entonces ¿de qué nos ufanamos?


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