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El grito de Independencia
20 de julio de 2014 - El Espectador

 

Se celebró ayer el aniversario 204 de la proclamación de la Independencia del entonces Virreinato de la Nueva Granada.
Salomon Kalmanovitz
 

Los eventos se desataron en razón del colapso de España, invadida por Napoleón Bonaparte en 1808, y se repitieron en todas las colonias del imperio.

El vacío de poder no pudo ser ocupado de manera estable por ninguna de las facciones que surgieron en Santa Fe y en las provincias, precipitando enfrentamientos entre ellas que facilitaron la reconquista en 1817, una vez expulsados los franceses de Iberia y reorganizado el gobierno de Fernando VII.

Aunque los historiadores tradicionales bautizaron esta fase de la historia como la “Patria Boba”, no se trató de que los líderes surgidos en ese momento fueran tontos. Por el contrario, hubo notables intelectuales y científicos formados en la Expedición Botánica y autodidactas que absorbieron las ideas de la Independencia norteamericana y de la Revolución francesa. Ellos se encontraron en medio de intereses contrapuestos sin mediar un Estado que monopolizara los medios de violencia ni contara con escenarios de negociación política (parlamentos) de esos intereses.

A diferencia de los colonos ingleses, que pudieron administrar la economía de sus territorios y organizar sus milicias, y que contaron con una valiosa experiencia en el manejo estatal, los criollos fueron relegados a posiciones inferiores y no manejaron la administración política y económica de sus territorios. Incluso los consejos de las villas contaban con presupuestos exiguos y no podían decidir sobre impuestos.

De hecho, la Independencia norteamericana surge a raíz del retiro por Inglaterra de concesiones en la aprobación de impuestos y su gasto según la voluntad colectiva, desatando la insurrección contra nuevos tributos arbitrarios. Cada una de las nueve colonias inglesas contaba con organizaciones políticas que a lo largo de la guerra de Independencia fueron integrándose para dar lugar a un nuevo Estado que alcanzó un grado elevado de debate en un congreso nacional, pudiendo acordar una constitución que se mantiene a la fecha.

En la Nueva Granada cada provincia se dotó de una constitución que dificultó una posterior integración, quedándose con los recursos del fisco que se recaudaban en sus linderos por los monopolios de tabaco, aguardiente, alcabalas, peajes, degüello y diezmos. Sólo después de que surgiera una organización militar para encarar la guerra con los españoles, entre 1818 y 1822, comenzaron a darse los pasos para la construcción de los estados nacionales que se asentaron sobre la organización política colonial: la primera República de Colombia —llamada equivocadamente la Gran Colombia*— estaba constituida por la Capitanía de Venezuela y la Audiencia de Quito, integradas a la Nueva Granada. En 1830 se disuelve con el debilitamiento del proyecto centralista y conservador de Bolívar para dar lugar a las tres repúblicas.

En todas ellas, la ciudadanía estaba bastante restringida a los blancos dotados de propiedad, en alguna medida a los mestizos y poco a los indígenas y esclavos que fueron liberados completamente sólo en 1851. Los altos impuestos de la Colonia fueron abolidos y quedaron sólo aquellos que recaían sobre el comercio exterior. Se construyó así un Estado nacional débil que osciló entre federalismo y centralismo, en medio de frecuentes guerras civiles.

Salomón Kalmanovitz * De la tesis de maestría de José Joaquín Pinto (Universidad Nacional, 2012). / | Elespectador.com



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