Salomon Kalmanovitz
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¿Cuál vía de desarrollo?
18 de mayo de 2014 - El Espectador

 

Los países que se apoyan en la inversión extranjera para desarrollarse pueden registrar altos crecimientos de su producto, pero buena parte de su ingreso sale al exterior.
Salomon Kalmanovitz
 

Algunos países africanos mineros, por ejemplo, pierden entre un 10 y un 20% de su PIB anual como remisiones hacia países desarrollados. Por el contrario, los países que se aíslan de los flujos de comercio y de capital registran bajo crecimiento porque la difusión del conocimiento y de la tecnología son fundamentales para aumentar la productividad y la riqueza, como lo muestra la involución de Cuba, Venezuela y Argentina. La ruta apropiada parece ser abiertos al mundo pero relativamente cerrados al capital, que son los ejemplos de Japón, Corea del Sur y China. Aunque todo esto es elemental, a veces se olvida y me lo acaba de recordar la lectura de Pikkety.

Colombia es vista como una economía con gran potencial minero, que no se había podido realizar por su aislamiento geográfico y su xenofobia, pero además por el conflicto interno desatado desde 1946, y la presencia de estructuras criminales que pueden complicar los negocios que respetan la legalidad. Las publicaciones internacionales nos miran con mucha benevolencia, posiblemente más de la que merecemos.

La ruta de desarrollo escogida por las élites colombianas ha sido una apertura al capital para entregarle la minería del carbón (que fuera iniciado por una empresa mixta, Carbocol, en los ochentas), el níquel, el gas y el oro con bajos impuestos y regalías. Un factor excepcional y afortunado ha sido el del petróleo que fuera nacionalizado desde 1948 y que ha permitido al Estado mantener una política con altibajos, pero conocedora del negocio. En asociación con empresas extranjeras, Ecopetrol ha podido obtener una producción creciente y puede ordenar la producción, refinación y exploración de hidrocarburos. Ha sido también una incubadora de empresas en Santander, Cartagena y otras regiones del país.

En La Guajira, el producto generado por las minas del Cerrejón es el 60% del PIB departamental, pero más de la mitad de éste sale de la región por repatriación de utilidades y los altos sueldos de sus directivos no se gastan localmente. En el Cesar, la situación es menos grave porque se trata de una economía más diversificada, pero igual más de la mitad del producto que genera la Drummond termina en el exterior.

Los recursos naturales bien explotados por empresas serias, filtrando las criminales y depredadoras del medio ambiente, pueden contribuir a aumentar la riqueza y al mismo tiempo asegurar que una mayor parte de ella se quede en el país, generando empleo y nuevas oportunidades a empresas colombianas. En 2013, la renta de factores tuvo egresos por US$18.204 millones, 5% del PIB, que son la repatriación de utilidades de los inversionistas extranjeros más los intereses por la deuda externa privada y pública (por cobrar impuestos tan bajos, nos endeudamos). El aumento de la inversión no hace más que profundizar la tendencia a que el producto crezca más que el ingreso y aumente la desigualdad entre los locales y más aún entre estos y los extranjeros.

Debemos pensar en formas de asociar el capital extranjero con el público y que éste ejerza las funciones de liderazgo que le corresponden: favorecer polos regionales de desarrollo con empresas que transformen los recursos naturales, para dar lugar a aumentos tanto del producto como del ingreso nacional.


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