Salomon Kalmanovitz
biografia
publicaciones
ensayos
prensa
links de interes
galeria
columnas
[COLUMNAS] RSS de las Columnas de Salomon Kalmanovitz
 
Consecuencias no intencionadas
19 de enero de 2014 - El Espectador

 

Legislar afanosamente y con el sentimiento de la opinión puede traer consecuencias desastrosas.
Salomon Kalmanovitz
 

Esa es una de las razones para que en las democracias el debate legislativo se haga en dos cámaras y a varias vueltas, buscando enfriar los ánimos y encontrar fórmulas razonables y equilibradas en el diseño institucional. Asimismo, el excesivo poder concentrado en determinada instancia y la falta de poderes que puedan contrarrestarlo conduce al despotismo y a la arbitrariedad.

Los casos más evidentes en Colombia son los de la Procuraduría y la reelección presidencial. Se creyó que un Ejecutivo aparentemente eficiente y que arrojaba resultados merecía ser mantenido en el cargo por un período adicional, lo cual multiplicó su poder y debilitó los otros poderes públicos. El afán de castigar la corrupción de los funcionarios dio lugar a una Procuraduría monstruosa que, en vez de combatirla, contribuyó a multiplicarla.

El procurador devino en un juez disciplinario que es primera y última instancia, que nadie controla y a quien muchos temen; cuenta con un enorme presupuesto que despilfarra admirablemente en tareas redundantes que cumplen otras instancias judiciales; tiene 8.000 puestos que le sirven para intercambiar favores con las cortes que lo postulan y con el Senado que lo elige, el que a su vez puede ser investigado y sancionado por el “elegido”. Para colmo de males, al igual que el presidente, el procurador puede ser reelegido, lo cual le otorga poder adicional, prácticamente omnímodo, pues se le alarga el tiempo para consolidar sus posiciones y alianzas.

En un proceso abierto por la Procuraduría, no hay controversia entre un ente acusador y una defensa ante un juez imparcial, que es la base más elemental de la justicia. Las pruebas son evaluadas por el mismo acusador, que por lo tanto puede amañarlas, si así lo desea. Como no existe un nivel superior que pueda neutralizar los abusos, la sentencia queda en firme después de una apelación formal e inocua ante el mismo inquisidor. En todos los casos, el procurador Ordóñez ha demostrado que no se requiere de ninguna destreza judicial ni establecer pruebas sólidas para destituir fulminantemente a los acusados.

La reelección presidencial permitió que la Procuraduría la ocupara una persona de filosofía extremista, muy cercana a la del presidente, que contó con ocho años para cambiar radicalmente la composición de todas las cortes. La condición principal para ocupar la posición de magistrado era la de compartir su ideología de derecha, pero no sobraban los intercambios clientelistas; incluso, el conocimiento del derecho y la capacidad de reformularlo se volvieron impedimentos. Se acabaron los tiempos en los que los magistrados de las altas cortes eran buenos escritores y ensayistas.

Hacia futuro, hay que debilitar la Procuraduría en alcance, presupuesto y magnitud; el procurador debería ser ternado por las cortes y elegido por el presidente, sin que pueda ser reelecto, como lo sugiere Jorge Humberto Botero en La Silla Vacía.

Adenda. En altos círculos económicos se discute la hipótesis de que la anunciada destitución del superintendente financiero busca facilitar que los damnificados, incluyendo la universidad confesional que es la alma máter del procurador, demanden al Estado por negligencia; así, seremos los contribuyentes los que asumamos las pérdidas de los que decidieron especular en Interbolsa. De ser cierta, sí que sería falta gravísima.


__________________________________________________________________________________________
www.salomonkalmanovitz.com
x