Salomon Kalmanovitz
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Colsubsidio y Serranías del Nogal
3 de febrero de 2014 - El Espectador

 

La Corte Constitucional acabó de fallar a favor de los vecinos de un ambicioso proyecto urbanístico de Colsubsidio en Bogotá, con el nombre evocador de Serranías del Nogal, y ordenó la suspensión inmediata de la obra.
Salomon Kalmanovitz
 

Las cajas de compensación son exabruptos contra la competencia. Se trata de una escogencia arbitraria de una empresa por el Estado para que disfrute de condiciones oligopólicas para atender la recreación, la salud, el comercio y las necesidades de educación de buena parte de la población del país. Cada mes les llueven las contribuciones de millones de empresas y afiliados por ley. Para colmo, se les ha entregado el negocio de recaudar los pagos de la seguridad social, sometiendo a millones de afiliados a hacer largas colas: no existe una empresa que atienda eficientemente tan delicada tarea.

Las cajas funcionaron por mucho tiempo en posiciones dominantes, sin apremios. No obstante, eventualmente las grandes superficies privadas (Carrefour, Éxito, Home Center, Olímpica y otros) desplazaron las obtusas tiendas de las cajas, ofreciendo precios más bajos y una oferta más diversificada de bienes. Frente a la salud, las cajas se han visto en aprietos para competir y se han visto forzadas a hacer alianzas entre ellas para defender sus posiciones, aunque las mejores clínicas y profesionales rehúsan hacer negocios con ellas. Asimismo, colegios que dependen de las matrículas de sus estudiantes superan los resultados en calidad de los colegios de las cajas.

Las alcaldías locales les ofrecieron frecuentemente lotes públicos a esos colegios para avanzar su “misión social” con nuevos privilegios. Con el avance de la urbanización y la escasez de tierra para edificar en las urbes, la multiplicación de la plusvalía que estaba ahí al alcance de sus ejecutivos fue una tentación demasiado grande que pocos pudieron resistir.

Ese es precisamente el caso del Instituto Colsubsidio de Educación Femenina, al que le fue entregado un valioso terreno en el barrio Rosales en los años sesenta, además del uso de un parque público para el solaz de sus niñas. Los ejecutivos de Colsubsidio desplegaron su influencia política para que la Alcaldía cambiara el uso dotacional del terreno a un uso residencial en 2008, contraviniendo el plan de ordenamiento territorial vigente.

Con el concurso de la firma de Pedro Gómez se hicieron los diseños para la construcción de tres torres de apartamentos, de ocho pisos cada una (a $11 millones el metro cuadrado sobre planos), ocupando el espacio del que fuera parque público y manteniendo la fachada del colegio que había sido definida como de conservación integral, convirtiéndolo en espacio para lujosas oficinas. Una curadora le dio su visto bueno al proyecto, a pesar de que contravenía el POT y violaba muchas convenciones para el desarrollo ordenado del sector, acolitando una altura del doble a la permitida.

Los vecinos del predio Serranía del Nogal presentaron dos tutelas para defender el uso contemplado en el POT, que fueron falladas a su favor, pero desconocidas por los socios del proyecto que incluso aceleraron los trabajos “para así generar un hecho cumplido”. La Corte Constitucional falló finalmente a favor de los vecinos, de cuya sentencia resaltamos lo siguiente: “resulta insólito que dos organizaciones empresariales destacadas en la sociedad hubiesen actuado de manera tan arbitraria incumpliendo las decisiones de los jueces”.


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