Salomon Kalmanovitz
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Cambio de rumbo
9 de febrero de 2014 - El Espectador

 

El nuevo entorno económico internacional nos deparará cambios importantes.
Salomon Kalmanovitz
 

El crecimiento chino tenderá a normalizarse (de más del 10% al 7% anual), afectando la demanda por materias primas de la cual fuimos beneficiarios durante la última década; la economía norteamericana está saliendo de su recesión y la Reserva Federal comienza a abandonar su política de emisiones excesivas que nos llenaron de dólares y de inversiones de portafolio; la recuperación incipiente de Europa con su superávit externo, sobre todo de Alemania y la fuerte devaluación del yen japonés, ponen a muchas economías que compiten por esos mercados o sus exportaciones en aprietos (Turquía, Rusia, Brasil, Argentina y Corea, entre otros).

A la menor demanda china por petróleo, el aumento de la oferta derivado de innovaciones tecnológicas propiciará una caída de su precio de los US$100 actuales a unos 70 en dos años. Esto impactará a las economías productoras en su crecimiento y deteriorará los ingresos de los gobiernos vía impuestos, regalías y dividendos. Estados Unidos está resurgiendo como país manufacturero, ahora basado bajos costos de energía, lo cual también compartirá México para desplazar a China de sus importaciones.

Aunque se culpa a la Reserva Federal por las turbulencias en los países en desarrollo al dar señales de que apretará su política, el profesor Kenneth Rogoff argumenta que el lado positivo es que responde a una recuperación del crecimiento de la economía norteamericana que aumentará sus importaciones. La devaluación inducida en estos países ayudará a que aumenten sus exportaciones. Por otra parte, la política monetaria laxa de Europa y Japón también contrarrestará en alguna medida la normalización norteamericana.

Los países menos resistentes a los cambios que se vienen despeñando son los que han perdido sus equilibrios macroeconómicos en medio de la bonanza de los precios de las materias primas, en especial Venezuela (petróleo) y Argentina (soya). En ellos, los bancos centrales carecen de independencia y han sido ordeñados para que financien a los gobiernos, produciendo inflaciones altas, de 56% en el primer caso y de 28% en el segundo. Al mismo tiempo, han recurrido a tasas de cambio fijas para contrarrestar la inflación, racionando las divisas, lo cual no ha impedido que pierdan sus reservas internacionales. Venezuela está cercana a una cesación de pagos y sus bonos son considerados basura, obteniendo el nivel de riesgo más alto del mundo.

Para Chile, Perú y Colombia la situación es mejor porque mantienen baja inflación, tienen equilibrio fiscal (aunque Colombia presenta déficit fiscal ) y su cuenta corriente también está en relativo equilibrio (Colombia tiene un déficit externo alto, del 3,7% del PIB). La gran fortaleza de los tres es que cuentan con regímenes de tasas de cambio flexibles que se encargan de compensar la reducción de los ingresos externos, fomentando las exportaciones y limitando las importaciones.

Para Colombia el panorama es mixto: la entrada de capitales financiaba ampliamente su déficit en cuenta corriente, algo que se está revirtiendo y requerirá un fuerte ajuste cambiario. El déficit del gobierno aumentará y tendrá que financiarse a un costo bastante más alto que en el pasado.

Las demandas que hará el proceso de paz, las que han hecho los movimientos de dignidad campesina y las necesidades de infraestructura requerirán, ahora sí, de una reforma tributaria seria.


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