Salomon Kalmanovitz
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Arde Venezuela
16 de febrero de 2014 - El Espectador

 

El fracaso del socialismo del siglo XXI en Venezuela se debe a problemas de incompetencia política, a malos incentivos y a una desastrosa administración económica.
Salomon Kalmanovitz
 

El sistema político descansa sobre una burocracia mal preparada, donde prima la lealtad en la cadena de mando que se premia con acceso a la renta petrolera, propiciando una enorme corrupción. Los controles administrativos crean divergencias entre los precios determinados por la escasez y los que se tratan de mantener por métodos de racionamiento o por la fuerza desplegada contra los productores y los comerciantes. El mejor negocio del mundo es conseguir dólares a la tasa oficial de 11 bolívares por dólar y venderlos en el mercado negro por 6 o 7 veces ese valor, lo cual ha incentivado las exportaciones ficticias y los viajes solo para vender los cupos de dólares que asigna el gobierno de manera arbitraria. Cualquier funcionario cercano a la toma de decisiones de los órganos que asignan las divisas se vuelve millonario en pocos días.

La carestía ha sido propiciada por la política de castigo a la burguesía, muchos de cuyos negocios han sido expropiados, pero también por la física incapacidad de mantener los flujos de materias primas y bienes intermedios importados para los negocios que subsisten. La reforma agraria ha logrado destruir buena parte de la producción agrícola y ganadera del país, obligando a la importación de la mayor parte de los alimentos consumidos por la población. El sector público ha sido expandido excesivamente y administrado de tan mala manera que se ha reducido la producción de petróleo, de gasolina y de aluminio y la distribución de bienes es igualmente arbitraria e ineficiente. Los subsidios garantizan los apoyos del pueblo al régimen, pero el caos creciente puede socavarlos. Al parecer, poca gente trabaja seriamente.

El afán de gastar por encima de los ingresos petroleros, disminuidos a su vez por los regalos de combustible a Cuba y a Nicaragua, ha conducido a que se utilice la emisión desbordada para financiar los faltantes, con el resultado de una inflación cercana al 60% anual. No podría esperarse ningún otro resultado de una insuficiente producción nacional, combinado con una escasez de importaciones frente a unos ciudadanos con muchos bolívares en los bolsillos.

La incapacidad de garantizar la seguridad surge de la politización de la guardia nacional y de las policías locales, frecuentemente asociadas con la criminalidad, combinada con la tolerancia frente al narcotráfico. La expulsión de la DEA de su territorio ha favorecido la proliferación del negocio de la droga hacia Europa y con él la competencia armada que explica buena parte del aumento del crimen y en especial de los asesinatos. Aunque el gobierno asegura que no supera la tasa de 35 asesinatos por 100.000 habitantes, fuentes independientes hablan del doble, pareciéndose a la Colombia de los años noventa.

Todo este cúmulo de desgracias autoinducidas han sido adscritas a confabulaciones de la oposición. El descontento creciente confluyó en las marchas estudiantiles, que fueron reprimidas con sevicia por el gobierno, que acusó a sus opositores de fascistas y golpistas; en el complot estaba incluida la mano dura de Álvaro Uribe Vélez. ¡Por favor!

¿Podrán la oposición y los estudiantes derrocar a Maduro? No será fácil. El presidente Mugabe lleva más de 40 años gobernando irresponsablemente a Zimbabue con hiperinflación permanente y nada.


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